LAS REPERCUSIONES AFECTIVAS Y SOCIALES EN NIÑOS, HIJOS DE PADRES DIVORCIADOS.

 

Es común que al hablar de divorcio, siempre se considere la separación física de los padres y en pocas ocasiones se refiere el divorcio emocional que se da mucho antes de que físicamente se presente y, mucho menos, se atreven a decir cuáles son los sentimientos que se dan en los niños que sufren esta situación cuando sus padres continúan juntos pero a la vez separados.

El presente artículo explica cómo el “DIVORCIO EMOCIONAL” afecta la conducta emocional y social de los hijos de padres divorciados, dependiendo de la edad en que esto sucede.

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Cuando una pareja se enamora y decide vivir juntos, se crean ciertas expectativas, como que el matrimonio es para siempre y cuando estén viejos seguirán juntos. Posteriormente, cuando se piensan en los hijos, las expectativas son aun mayores: “nuestro hijo tendrá tus ojos; no los tuyos porque son más hermosos”. Esas son las cosas que escuchamos en un principio, principalmente en la luna de miel. Cuando los niños nacen, la vida comienza a cambiar, por lo tanto, las condiciones de vida y la adaptación a las nuevas personas también. Así, el niño conforme se va desarrollando, empieza a sentirse protegido, amado, cubierto en sus necesidades y se crean expectativas: las niñas desean ser como mamá y los niños como el papá.

El niño se identificará entonces con esas conductas amorosas y proveedoras de sus padres, y al mismo tiempo, las actuará con sus compañeros. Pero si de pronto, el “bombón”, o sea la mamá, se convierte en un muégano todo duro, y el “cielo”, o sea el papá, se convierte en “el méndigo de tu padre”, entonces el niño se sentirá desprotegido, desvalido, abandonado; ya no será parte de la familia porque los padres ahora sólo se la pasan concentrados en sus problemas como pareja: se agreden o insultan y no se dan cuenta de las necesidades del niño. Este a su vez, siente que no tiene a nadie más a quien acudir.

Cuando se habla de divorcio, generalmente se atribuye esto a la separación física de ambos padres y casi nunca se menciona que los padres puedan estar separados psicológicamente desde antes de firmar los papeles que avalan que ya no son  marido y mujer. Así, el divorcio de los
padres empieza mucho antes de que lo anterior suceda. Cuando los papás tienen problemas de comunicación, de dinero, en la intimidad; con los familiares, ya sea por celos u otros factores, comienzan lo que se llama “divorcio emocional”, el cual engendra tensiones casi insoportables, creando una atmósfera perjudicial para todos los miembros de la familia. Los niños comienzan a vivir esta separación de los padres a través de los gritos, enojos, agresiones; salidas constantes de uno u otro de los padres de la casa en común, y empiezan a sentir angustia, miedo, tristeza, enojo, etc., inclusive perciben la situación como algo amenazante, creyendo que ellos pueden ser los culpables de lo que está sucediendo porque se portan mal, van mal en la escuela, no quieren comerse lo que les da; porque pelean con sus hermanos o compañeros. Así, los niños pasan a un segundo término de importancia para los padres.

Cosas como “dile a tu padre que no me hable”; “dile a tu madre que es una odiosa”, como si fueran los carteros de insultos y groserías, convierten a los niños en depósito de agresiones, porque el niño siente que los insultos son para él y no que van dirigidos a los otros.

Todo esto lleva al niño a sentirse abandonado, solo y, por supuesto, su pérdida es muy dolorosa. Ese hogar en el que se sentía seguro, con hábitos constantes, relaciones afectivas amorosas; en donde confiaba que podía estar bien, ahora empieza a desmoronarse poco a poco a través de observar las discusiones constantes de las personas a las cuales admira y que ahora ya no son las mismas. En cuanto a su vida social, siente que
si mamá y papá se separan, entonces él no va a saber qué sucederá con su casa, sus juguetes, sus afectos; sus relaciones con  los otros, su escuela, etc.

Cuando el divorcio comienza, el niño siente aún más el desamparo: ahora sus padres lo colocan en el centro y en la mayoría de las ocasiones, uno u otro padre lo utilizan para dañarse; el niño no entiende porqué los padres discuten a cada rato o por qué él tiene que ir y decirle al otro que por qué no da dinero, que por qué no habla por teléfono; que por qué no se ocupa de él, que si es un inútil o que si es un mujeriego o una mala persona. “Ya ves, te lo dije, tu padre (o tu madre) nunca cambia; hasta parece como si no te quisiera porque no te atiende”. Todo esto provoca en
el niño una serie de ideas que, en muchas ocasiones, lo llevan a sentirse humillado, triste, enojado, voluble, rencoroso; apartado de todo.

Sus amigos comienzan a apartarse de él también porque se torna agresivo, intolerante, deprimido; ya no quiere jugar y si lo hace, siempre quiere ganar o no acepta que se equivoca.

El divorcio para los hijos, aun cuando pareciera que no les afecta, es un punto importante que marca su vida en muchas áreas. Son niños escindidos, es decir que separan su sentir de su pensar y de esa manera pueden adaptarse a lo que sucede a su alrededor; inclusive escuchamos decir: “yo no siento nada”, “tampoco puedo hacer nada”; “eso no me afecta”. Estos mecanismos de defensa los llevan a sobrevivir pero inconscientemente nunca dejan de sentir ese dolor. Ahora bien, dependiendo de la edad que el niño tiene cuando sus padres se divorcian, las conductas pueden ser diferentes tanto en lo afectivo como en lo social

 

A continuación se expone un cuadro que muestra la edad de los niños y las conductas afectivas y sociales que se presentan cuando los padres se divorcian:

3 a 5 años

Se sienten culpables de lo sucedido Presentan regresiones:

  • Mojan la cama.
  • Piden que se les den de comer en la boca.
  • Quieren usar mamila.
  • Se pegan a los padres y no los  sueltan.
  • Hacen berrinches constantes.
  • No pueden dormir solos.
  • Laluz debe permanecer

             encendida.

  • En la escuela no quieren ir al kínder, pelean,
    no comen su lunch.

6 a 12 años

Se sienten deprimidosCon muchos miedos irracionalesEstán muy enojados con uno o ambos padres

Reprochan la situación

Sentimientos de rechazo

Ansiosos (presentan onicofagia); se comen las
uñas.

Muy sensibles; por todo lloran.

Se sienten nerviosos.

Culpan al padre con el que viven o al que ya no
está.

Tienen fantasías de reconciliación y se sienten
responsables de unir a sus padres.

Son rebeldes;
no obedecen las reglas de casa o escuela, por tanto, son reportados por mala conducta.Agresivos.Intolerantes.Trastornos del sueño.Trastornos de alimentación.

Bajo rendimiento académico

Caídas constantes

Están apenados con los demás por el divorcio de sus padres.

Impulsivos y provocadores.

Adolescencia

Tienen miedosSe sienten desoladosDeprimidosCulpables y dudosos de si ellos, al unirse a una pareja no les pasará lo mismoDesleales.

Enojos constantes

Se vuelven además desleales debido a que los padres los ponen entre la espada y la pared,
diciendo, por ejemplo: “si te vas con tu padre, te olvidas de que existo”

Cumplen funciones que no les corresponden (encargarse de los hermanos o de la casa)
madurez acelerada Conductas antisociales:

  • Alcoholismo
  • Adicciones
  • Promiscuidad

 

La terapia de juego es un medio que lo ayudará a deshacerse de aquellos aspectos que no le tocan para que logre adaptarse a todos los medios en los que se desenvuelve: la escuela, su familia, los amigos y que sea un niño más feliz con el mundo que lo rodea.

 

CONCLUSIONES

  1. Desafortunadamente la separación y el divorcio de los padres dejan en los hijos, en muchas ocasiones, daños psicológicos, pero siempre se tienen alternativas de tratamiento para lograr que se den adaptaciones a estas situaciones.
  2. Ser consientes de que el problema es con la pareja, no con los hijos.
  3. Es necesario explicar claramente la situación a los niños, diciéndoles que la decisión que los padres tomen es independiente del amor que tienen por ellos.
  4. Si no hay más remedio que el divorcio, siempre será mejor una separación amistosa que una permanente conflictiva, por el bienestar y seguridad de los niños y de la propia pareja.
  5. Es importante que los padres hagan un esfuerzo por superar el rencor y el enojo para no transmitir esos sentimientos a los hijos y, por lo tanto, no repercuta considerablemente en su vida social.

 

 

Pst. Cinthia Guzmán Castillo

Landa, R.P. (2010). “Las Repercusiones Afectivas y Sociales en Niños, Hijos de Padres Divorciados”. Aletheia N° 29. p.p 157- 165. México: Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social.

 


Comments

  1. mariana dice:

    y en los niños menores de 2 años ? ?

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